Xelo Montesinos, consejera delegada de Unicorn Content, explica en una entrevista publicada este 8 de noviembre cómo la productora reorganiza sus equipos para atender varios programas de actualidad. En el pódcast Arréglate que nos vamos, de El Español, describe el aprovechamiento de un mismo desplazamiento de un reportero para distintas emisiones como parte de su respuesta a unos presupuestos más ajustados.
La ejecutiva atribuye esa presión económica a la fragmentación de la publicidad, las redes y las plataformas de contenidos. Son sus explicaciones sobre el mercado en el que trabaja, no una medición independiente del descenso anual de todos los presupuestos televisivos. Durante la conversación sitúa la producción de la compañía en torno a ochenta horas semanales de directo.
Un desplazamiento para varios programas
Montesinos pone un ejemplo concreto de organización: un reportero enviado a Ceuta puede intervenir en La mirada crítica, El programa de Ana Rosa y Vamos a ver. Según cuenta, la productora redistribuye el talento y los equipos, respetando las jornadas laborales. El ejemplo describe una forma de aprovechar recursos; la entrevista no cuantifica cuánto dinero ahorra cada intervención compartida.
También detalla la variedad de funciones que sostienen una emisión. Cita realización, producción, reporteros, redactores, maquillaje, atrezo y sonido, y calcula que un programa como el de Ana Rosa puede implicar a unas cien personas. Esa cifra aproximada procede de su declaración, sin equivaler a cien contratos nuevos ni a un anuncio de contratación.
La actividad empresarial detrás de los focos
En la página corporativa de Unicorn, Montesinos figura como consejera delegada y fundadora y Ana Rosa Quintana como presidenta. La entrevista aborda cómo la primera pasó de la dirección y producción ejecutiva a ocuparse de presupuestos y estrategia empresarial. Montesinos recuerda que ese cambio fue una de las razones para poner en marcha su propia productora.
El testimonio permite observar el trabajo que queda detrás de la pantalla, pero tiene un alcance concreto. La compañía expone su propia organización y su lectura del negocio. No publica en esa conversación cuentas auditadas, una rentabilidad por programa o un importe de ahorro con el que comprobar que compartir un equipo entre espacios compense por completo la presión presupuestaria que describe.





