Miquel Navarro ha fallecido este domingo a los 81 años, según informa El País. El escultor valenciano deja una obra reconocible por sus ciudades de piezas geométricas y por grandes intervenciones en el espacio público. Su muerte llega pocos meses después de la apertura de su Casa Taller en Mislata, la localidad donde nació y desarrolló buena parte de su trabajo.
Navarro recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1986. Su trayectoria alcanzó instituciones como el Guggenheim de Nueva York, el Centre Pompidou, el Reina Sofía y el IVAM. Esa dimensión internacional convivió con una relación muy directa con Valencia: algunas de sus esculturas terminaron incorporadas al mapa cotidiano de la ciudad y al vocabulario de sus vecinos.
Una ciudad construida a ras de suelo
Sus instalaciones reúnen centenares de elementos independientes sobre el suelo. Volúmenes que recuerdan a edificios, chimeneas, depósitos o torres componen conjuntos urbanos sin ser maquetas de una ciudad concreta. La mirada del espectador cambia al recorrerlos y descubrir relaciones entre las piezas, sus tamaños y los espacios vacíos.
El artista vinculó esa imaginación con la huerta de su infancia, la fascinación por la ciudad y el conocimiento de las vanguardias. Trabajó también en pintura, grabado y fotografía. Reducirlo a sus monumentos más conocidos dejaría fuera una producción que exploró materiales y escalas muy distintos durante más de medio siglo.
Un legado reunido en Mislata
La Casa Taller ocupa el espacio donde Navarro trabajó durante décadas, un antiguo almacén transformado en lugar de creación. La donación de centenares de obras busca mantener reunidas etapas diferentes de su producción y facilitar su conservación, exhibición y estudio. La iniciativa evita que el recorrido dependa únicamente de piezas dispersas en colecciones.
En Valencia, Fuente pública es conocida popularmente como La pantera rosa. Ese apodo resume una forma particular de reconocimiento: una escultura deja de ser solo un objeto firmado y pasa a formar parte de la vida del barrio. Navarro pudo ver esa apropiación y, también, la apertura del lugar pensado para explicar su obra a quienes lleguen después.







